Después de haber estado entrenando durante meses, faltaba compartir lo que sentí en el tan
esperado día D. El domingo 6 de noviembre de 2011 no se me va a olvidar. Ni a
mí, ni a otros 47,000 valientes que corrimos, caminamos o gateamos 42
kilómetros y 195 metros en la Gran Manzana.
El esfuerzo dura unas horas, para unos más que para otros. El entrenamiento
varios meses. La satisfacción se queda siempre.
Fue un día lleno de emociones, que se inició las 4:30 (sin odiar al despertador)
y una ducha. Tras revisar una y otra vez la bolsa salimos a las 5:15 para coger
el Bus que nos lleva a Whitehall para coger de ahí el Staten Island Ferry. Es
noche cerrada, Gus y yo estamos tranquilos, pero el ambiente es impresionante,
llegan oleadas de corredores, y con cada minuto mi emoción era más grande. Esta
amaneciendo y vemos al fin el día que va hacer, Sol.
Llegamos a Fort Wadsworth, y aquí nos dividen en los colores de las oleadas,
la mia es azul y la de Gus, queda un rato 35 min para que se cierren los
corrales, tomamos un te caliente, nos despedimos y nos deseamos suerte.
Llego justo 5 min antes de que se cierren los corrales, cuanto más tarde
mejor, ya que aún queda casi una hora para la salida. Aprovecho el tiempo para
atarme bien los cordones, estirar un poco, escucho música.Poco a poco nos movemos, salimos a la autopista, el ambiente es impresionante.
Al sol hace calorcito.
Observo las caras, todas sonrientes, expectantes. Creo que todos pensamos lo
mismos, realmente estoy aquí, esto no es un sueño, es la realidad. Por nuestra
derecha pasan los profesionales. Aplausos. No hay rivalidad, más bien es
admiración.
Tenemos el Puente Verrazano-Narrows enfrente, wow. Impresiona. Se ve
perfectamente el desnivel. La presidenta de los New York Road Runners nos presenta
al Alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg , tras ello
el himno de los Estados Unidos, silencio absoluto. Respeto absoluto.
9:44, rodeado de miles de personas, escuchando todos los idiomas posibles a
mi alrededor y de fondo Frank Sinatra que decía “Start spreading the news. I’m leaving today. I want to be part
of it… New York, New York” La salida.
Los 42,195 km o 26.2 millas, es mucho camino para explicar mis
emociones, este Marathon se te mete bajo la piel, se convierte una parte de ti.
He disfrutado de la animación, de la música en vivo casi cada kilómetro y
gente con carteles que me hacían olvidarme de la distancia que faltaba, de los
apoyos recibidos, de las veces que han dicho o gritado mi nombre. “Come on
Ángel”, “God job Ángel”. Vamos España, “Go Spain Go”. Hubo un cartel que me hizo reír mucho:
“Alcohol misses you too. There’s beer at the finish line”. Me acuerdo del
Barrio Judío, las miradas despectivas, correr durante casi tres km sin apoyo en
silencio absoluto, ver a un Policia echar una bronca a una señora de ese
barrio, porque quería cruzar por medio del Maratón.
Los puentes, los interminables puentes, sobretodo el Puente de Queensboro y
el frio que hizo al cruzarlo, la salida a la primera avenida, con la cantidad
de espectadores, según lei al día siguiente estimación oficial entre 2.5 y 3
millones de espectadores a lo lardo del recorrido.
El llegar a Harlem y ver de repente en la video pantalla mensajes de ánimo
de Esther y de Charo e Isra, cuando te faltan 7 km las emociones están a flor
de piel. Pocos kilómetros adelante me encontré con mi familia y amigos, ¡El
mejor apoyo del mundo! Me arrepiento de no haberme detenido un poco más, para
ver sus sonrisas, pero aún con pocos segundos, me llenaron de energía, Gracias Esther.
Ver la interminable quinta Avenida, con gente y más gente, entrar en Central
Park, con sus constantes subidas y bajadas. El pobre corredor que iba delante
de mí y que de repente se paró y al cual metí un empujón por no poderle esquivar.
Salir de nuevo a la quinta para girar a la 59 West, y a partir de aquí solo
recuerdo, el griterío, la animación, giramos de nuevo al Central Park y pasamos el cartel milla 26, a solo 0.2
millas, 320 pero son los más intensos, por fin se ve la meta, 200 metros, 100
metros, 50, la Meta, 3:37:42, puesto 7322.
Estoy en una nube. Nos ponen la
medalla, Díos mío la tengo, es mía. Esto es el New York City Marathon 2011, me juro que volveré.
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